VENDÉE ARCTIQUE 2026
AL FINAL DEL CAMINA, LA DUDA

Anoche, alrededor de la 1 de la madrugada, cuando Manu Cousin (Coup de Pouce) cruzó el Círculo Polar Ártico, completando simbólicamente el viaje de regreso de la flota, las embarcaciones líderes parecían más distantes que nunca. La línea de meta nunca se había mostrado tan impredecible. Sam Goodchild (MACIF Santé Prévoyance) navega ahora en el Mar Céltico tras atravesar el Canal de San Jorge. Élodie Bonafous (Association Petits Princes – Quéguiner) continúa su travesía en el Mar de Irlanda. Más al oeste, Ambrogio Beccaria (Allagrande Mapei), Violette Dorange (Initiatives-Cœur) y Francesca Clapcich (11th Hour Racing) se dirigen hacia Fastnet Rock. A primera vista, las principales decisiones estratégicas tomadas en torno a Île Verte comienzan a dar sus frutos. Sin embargo, justo cuando la regata empieza a definirse, un nuevo factor desconocido entra en juego. Entre Bretaña y la región de Vendée, una amplia zona de vientos flojos podría cambiar el rumbo de la competición y dar mayor peso a decisiones que algunos habían previsto que tendrían graves consecuencias. En resumen: las cartas están sobre la mesa. Las grandes respuestas, quizás, aún no.
Se preveía que esto sería caro.
Desde ayer, Irlanda ha actuado como árbitro de esta Vendée Ártica. Para llegar al sur, los líderes tuvieron que tomar una decisión. Por un lado, los exigentes pasos del Canal del Norte y luego el Canal de San Jorge. Por otro, un amplio desvío hacia el oeste. Dos interpretaciones de la misma carrera. Dos maneras de evaluar el riesgo. Para quienes optaron por la segunda ruta, el objetivo no era necesariamente ganar millas, sino evitar un tramo notoriamente complicado, con sus efectos costeros, corrientes, tráfico marítimo y numerosos peligros. Una decisión prudente más que un deseo de obtener ventaja. Sobre el papel, el veredicto parecía claro: este desvío era un poco como tomar carreteras secundarias en vacaciones. Más carretera y, teóricamente, tiempo perdido en la meta. Entonces, los archivos meteorológicos comenzaron a contar una historia diferente. Conforme se actualizan las previsiones meteorológicas, esta opción cobra cada vez más fuerza. Si bien no es necesariamente una estrategia ganadora, podría resultar mucho menos costosa de lo previsto. Esto se debe a un final particularmente incierto. Entre Bretaña y la región de Vendée, la vasta zona de vientos flojos previstos podría, de hecho, reducir las diferencias y ofrecer una nueva oportunidad a quienes habían acordado ceder terreno. Ambrogio Beccaria, actualmente ralentizado por una cresta de alta presión frente a la bahía de Dingle, se resiste a adelantarse.
“Mi estrategia inicial era más bien defensiva. ¿Podría volverse ofensiva? Quizás, pero no creo en milagros. Creo que los barcos que van en cabeza se mantendrán a la cabeza. He dejado de prestar demasiada atención a lo que hacen los demás. Ahora, me concentro principalmente en mi propia carrera y en hacer las cosas bien” declaraba El patrón italiano Beccaria.

Una llegada imposible de fechar
Las horas estimadas de llegada (ETA) siguen posponiéndose. El viernes, Sam Goodchild parecía estar listo para llegar a Les Sables d’Olonne en la madrugada del lunes. Ahora, se espera que los primeros competidores lleguen en algún momento de la noche del 15 al 16 de junio. Sin embargo, esta estimación es más una tendencia que una predicción. En esta etapa, es mejor consultarla como un horóscopo en lugar de tomarla como una verdad absoluta. Y con razón: a medida que la flota se acerca a la Vendée Globe, el horizonte temporal parece volverse paradójicamente más incierto. Esto se debe a la tristemente célebre zona de vientos flojos pronosticada para el Golfo de Vizcaya, capaz de alterar por completo el equilibrio en las últimas millas. En estas condiciones, uno o dos nudos de presión adicional o ausente bastan para cambiar completamente el rumbo de la regata. Los pronósticos de ruta ahora cuentan historias muy diferentes. Algunos ven solo una o dos horas de diferencia entre Sam Goodchild y Élodie Bonafous, y poco más entre Ambrogio Beccaria, Violette Dorange y Francesca Clapcich. Otros pintan escenarios mucho más largos. Sin embargo, todos convergen en la misma conclusión: nadie parece capaz de predecir con exactitud el tiempo de llegada. Élodie Bonafous es perfectamente consciente de ello. «Todo dependerá de nuestro timing. Si logramos pasar antes de la calma, mucho mejor. Si nos alcanza, las diferencias podrían cerrarse». Y añade con una sonrisa: «En un mundo ideal, ¡ralentizaría a los barcos que van delante sin ralentizarme a mí! Pero nunca funciona así, así que mi principal objetivo es seguir descansando y mantenerme concentrada. Tengo la sensación de que esta regata se decidirá en gran medida al final».
Confianza y humildad
Esta dificultad para interpretar la regata la resume a la perfección Nico d’Estais (Café Joyeux). Tras varios días complicados en latitudes altas, una vela rota, un timón rebelde que le jugó una mala pasada ayer frente a las Islas Feroe y unas condiciones especialmente exigentes, el patrón llegó a una conclusión que trasciende su propia aventura: “Las regatas de altura enseñan tanto autoconfianza como humildad”. Esta afirmación cobra especial relevancia en el contexto actual. Confianza para creer en el propio análisis, para defender las decisiones y atenerse a ellas. Humildad para aceptar que un tramo sin viento, un cambio de tiempo o un detalle aparentemente insignificante pueden poner en entredicho horas de deliberación. A bordo del Café Joyeux, sin embargo, la sensación de asombro no ha desaparecido. Todo lo contrario. “Volví a encender las luces de navegación por primera vez en cuatro días, y me emocionó muchísimo”. Fue entonces cuando pensé: «¡Oye, nos estamos acercando a casa!». Quizás esa sea, en definitiva, la mejor manera de describir el final de la regata. Ahora todos conocen su destino. En cuanto al resto, el Atlántico aún guarda algunas sorpresas.
Fuente y Fotos:
Vendée Arctique
